REFLEXIONES DIARIAS 13 AL 19 DE SEPTIEMBRE
LUNES, 14 DE SEPTIEMBRE DE 2020
Hoy, es una fiesta especial; es LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ. Recordad los que tuvimos la gran experiencia de la celebración de la Pascua en la misma basílica del Gólgota, el Sepulcro de Jesús y la resurrección. Dada la afluencia ingente de gente, era imposible cualquier ligero movimiento; y, en cambio, aguantamos horas enteras en aquella situación. Esta fiesta nos invita a volver a los tiempos de Santa Elena, madre de Constantino, que, destruyendo templos romanos sobre el mismos sepulcro de Jesús, construye lo que hoy llamamos la BASÍLICA DE LA RESURRECCIÓN, llamada también la ANÁSTASIS. Pues bien, la Cruz de Jesús, descubierta por Santa Elena, al excavar sobre las antiguas construcciones, viene a se motivo, desde entonces, de exaltación y de triunfo para siempre. El signo de sufrímiento y muerte es , ahora, camino de vida y resurrección; hasta tal punto, recordad, la vía dolorosa, experiencia en Tierra Santa de sufrimiento tremendo de Jesús, se convierte en el mejor libro y la .mejor enseñanza que podemos tener para afrontar, con eficacia, el sufrimiento en nuestra vida. Es el mismo Jesús que nos enseña que seguirlo es TOMAR NUESTRA CRUZ Y NO CESAR EN SU SEGUIMIENTO. Es así como cada una de nuestras cruces se convierten en esa inmensa basílica de la Anástasis personal, que conduce, irremediablemente, a nuestra propia resurrección. Afrontemos,, hoy, fiesta de la exaltación de la Santa Cruz de Jesús, afrontemos, repito, nuestra propia Cruz, amémosla, pues, va a ser ella la que nos va a conducir a nuestra propia RESURRECCIÓN.
DOMINGO, 13 DE SEPTIEMBRE DE 2020
No nos mandaremos de presentar las ventajas psicológicas que ofrece esta realidad del PERDÓN. Ese perdón de corazón que es el que vale de verdad, el que sana las heridas, restaura la persona y nos sumerge en la intimidad misteriosa del amor. Siempre van unidos AMOR Y PERDÓN; uno conduce y dispone al otro; y este, el perdón, restaura profundamente al otro. Lo que en la historia de la salvación, se aplicaba a la venganza, Jesús instaura una nueva dimensión. Setenta veces siete había que vengarse. El Señor nos ofrece un nuevo camino: SETENTA VECES SIETE HAY QUE PERDONAR; dicen los expertas que también se podría traducir la frase por: SETENTA Y SIETE VECES. ES exactamente lo mismo, el significado es idéntico: HAY QUE PERDONAR SIEMPRE. Que no significa que no seamos sensibles a las repercusiones que tienen en nosotros aquello que injustamente recibimos, no. Este sentimiento lo tenemos. Y no se trata de reprimiendo, nunca es bueno reprimir, sino que lo aceptamos y con el perdón lo encauzamos, lo sublimamos y lo superamos; todo con el acompañamiento y modelo de Jesús que nos enseñó este camino, y nos acompaña en su realización. Jesús siempre AMÓ Y PERDONÓ; y lo hizo, como lo hace todo siempre: HASTA EL EXTREMO. MURIÓ PERDONANDO A LOS QUE LO CRUCIFICABAN. En el amor y su fiel compañera la libertad no puede existir ni la más tenue nubarrón de envidia y aversión. Dios nos invita a ser, en todo momento, amor y perdón. Despierta con prisa; que este amanecer sea de amor y perdón.
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